Y llegó el 25.
25 de mayo de 2010
Si optáramos por la fácil, nos quedaríamos en la sola crítica.
Podríamos denunciar la opción que el Gobierno nacional hizo al realizar el Te Deum central del 25 en la Basílica Nacional de Luján y no en la Catedral Metropolitana.
Podríamos regodearnos con la imponente reinauguración del Teatro Colón que la Primera Mandataria se perdió al estar ausente anoche, en la víspera del festejo central del Bicentenario.
Podríamos "moralizar" al Gobierno por no haber invitado a los festejos oficiales a los ex presidentes constitucionales de la Nación que aun viven, como Isabel Perón, Carlos Menem, Fernando de la Rúa o Eduardo Duhalde, como hizo también con el Vicepresidente de la República, Julio Cobos y con los dirigentes políticos de la oposición.
Agustín de Hipona nos invitaba: "en lo esencial, unidad; en lo opinable, libertad; pero en todo, caridad".
La libertad hoy ya es un hecho: conseguida a partir de aquél lejano 25, fue reafirmada con las luchas que los argentinos de bien libraron en los 200 años que nos llegan hasta el presente.
La unidad, aunque con dolor y dolores, tampoco nos ha sido imposible. Hoy, pese a circunstanciales diferencias, los casi 40 millones de argentinos celebramos el imperio de la Ley y la convivencia pacífica.
¿Qué nos queda?
El sol resplandeciente que hoy nos madrugó, bien vuelve a invitarnos a aquella "celebración de la humanidad" (pues en eso consiste la caridad) que nos solicitaba Agustín… "en lo esencial, unidad; en lo opinable, libertad; pero en todo, caridad".