martes, 25 de mayo de 2010

Y llegó el 25.
25 de mayo de 2010
Si optáramos por la fácil, nos quedaríamos en la sola crítica.
Podríamos denunciar la opción que el Gobierno nacional hizo al realizar el Te Deum central del 25 en la Basílica Nacional de Luján y no en la Catedral Metropolitana.
Podríamos regodearnos con la imponente reinauguración del Teatro Colón que la Primera Mandataria se perdió al estar ausente anoche, en la víspera del festejo central del Bicentenario.
Podríamos "moralizar" al Gobierno por no haber invitado a los festejos oficiales a los ex presidentes constitucionales de la Nación que aun viven, como Isabel Perón, Carlos Menem, Fernando de la Rúa o Eduardo Duhalde, como hizo también con el Vicepresidente de la República, Julio Cobos y con los dirigentes políticos de la oposición.
Agustín de Hipona nos invitaba: "en lo esencial, unidad; en lo opinable, libertad; pero en todo, caridad".
La libertad hoy ya es un hecho: conseguida a partir de aquél lejano 25, fue reafirmada con las luchas que los argentinos de bien libraron en los 200 años que nos llegan hasta el presente.
La unidad, aunque con dolor y dolores, tampoco nos ha sido imposible. Hoy, pese a circunstanciales diferencias, los casi 40 millones de argentinos celebramos el imperio de la Ley y la convivencia pacífica.
¿Qué nos queda?
El sol resplandeciente que hoy nos madrugó, bien vuelve a invitarnos a aquella "celebración de la humanidad" (pues en eso consiste la caridad) que nos solicitaba Agustín… "en lo esencial, unidad; en lo opinable, libertad; pero en todo, caridad".

lunes, 24 de mayo de 2010

Aunque suene cursi
24 de mayo de 2010

Hoy, después de mucho tiempo, volví a escuchar “Yo tengo fe”, aquella canción de Ramón ‘Palito’ Ortega, que elogiaba la fe, la esperanza en el triunfo del amor y donde cultivaba la justicia y la ilusión.


Tengo que ser sincero: me movió escuchar esos versos.

No quiero ni quise pensar mucho en el personaje de la canción: aunque Palito haya sido dirigente de nuestro Movimiento político (fue Gobernador del Tucumán, senador nacional y candidato a Vicepresidente de Duhalde en 1999), su historia política no ha sido de lo más feliz.

Sabemos de su aplauso y su vinculación con la dictadura militar. No es difícil relacionar la letra de esta canción con aquella retórica tan falsamente irenista, macabra y triste que oyeron los argentinos como fondo de la más atroz persecución entre hermanos en la historia de nuestro país.

Pero no quiero detenerme en Ortega. Ya el pueblo y su historia lo conceptúan.

Muy a pesar de él, esta letra, simple y llana me causó cierto movimiento interno. Debo reconocerlo. Tal vez en estos días de bicentenario.

“Yo tengo fe, también mucha ilusión” de que finalmente alcancemos esa meta de consideración por el otro que todavía tanto nos falta.

“Yo sé, será una realidad, el mundo de justicia que ya empieza a despertar”. Utopía es “lo que no existe en ningún lugar”. Muchos, mientras, nos definimos como realistas. Sin embargo, sólo es posible ser realista detrás de un sueño que nos guíe, como la estrella a los Magos. Si en cada uno de nosotros emerge el anhelo por un mundo de justicia, efectivamente aquél mundo ya comienza a despertar.

“Yo tengo fe, que todo cambiará”. Quizás estoy sonando bastante cursi. Seguramente. Pero es lo que sentí. Y quería expresarlo.

domingo, 2 de mayo de 2010

NOTA XXXVI
Progresismo rentado
por JUAN L. MANAZZONI
Mayo de 2010

El miércoles pasado fracasó la sesión en la Cámara de Diputados que preveía tratar la coparticipación del impuesto al cheque y la ampliación del matrimonio civil a personas del mismo sexo.

La sesión “se cayó” cuando el kirchnerismo y sus aliados de centroizquierda, con Martín Sabbatella y Vilma Ibarra a la cabeza del bloque Nuevo Encuentro Popular y Solidario vaciaron de quórum la convocatoria prevista para las 11 de la mañana.

Pareció un contrasentido que quienes faltaron a la sesión eran quienes más habían defendido la causa del matrimonio para personas del mismo sexo. Transcurridos los 45 minutos reglamentarios, el presidente de la Cámara baja Eduardo Fellner dio por fracasada la convocatoria a sesión mientras bloqueaba el tablero electrónico.

Sin embargo, aquél aparente contrasentido no carece de razones. Desde hace meses Sabbatella se esfuerza por no ser tildado de oficialista y para ello intenta un discurso que lo disocie del kirchnerismo. No obstante, los hechos dicen otra cosa.

Siempre tarde.

En la sesión preparatoria del 3 de diciembre pasado juraron los nuevos diputados y se dispuso la nueva ordenación de las comisiones y las autoridades en la Cámara baja. En aquella oportunidad Sabbatella separó su discurso del arco opositor y aunque procuró mostrar autonomía, terminó siendo funcional a los intereses del Gobierno.

El 1° de marzo la Cámara retomó sus sesiones ordinarias con la visita de la Presidenta de la Nación inaugurando el nuevo período. En aquella oportunidad la Jefa de Estado anunció la firma del conocido decreto de necesidad y urgencia n° 298, que creaba el Fondo de Desendeudamiento para pagar deuda con reservas del Banco Central.

La primera sesión en la que el arco opositor intentó tratar aquel decreto fue convocada para el 7 de abril. Con la entrada al recinto de Sabbatella y su bloque, se logró el ajustado quórum. Pero justo en ese preciso instante, el kirchnerista Agustín Rossi pedía levantar la sesión al cumplirse el margen de 45 minutos de espera. Aunque Sabbatella llegaba tarde, una semana después la Cámara de Diputados finalmente lograba deshacerse del discutido decreto de Cristina Fernández.

El plan de labor convenido para la sesión del último miércoles, acordado aun con el Frente para la Victoria, incluía el tratamiento del impuesto al cheque, que venía del Senado y la ampliación del matrimonio civil a las personas del mismo sexo.

“Íbamos a la sesión, lamentablemente tarde, porque no estaba en riesgo el quórum”, declaró Sabbatella al periodismo después del fracaso de la sesión. Al turno de Rossi, éste argumentó que el bloque oficialista no bajó al recinto para no convalidar el tratamiento de la modificación del impuesto al cheque que el Senado había girado, con una aprobación por demás polémica.

Engaño seguro.

Las opciones posibles son dos: o la centroizquierda aliada al oficialismo acordó con el Gobierno faltar a la sesión prevista para el miércoles y así evitar que se apruebe la coparticipación del impuesto al cheque. O el kirchnerismo los engañó sin más, prometiéndoles “algo” a cambio de diferir el tratamiento del matrimonio homosexual y así tumbar la sesión que aprobaría la modificación del impuesto.

La noticia de que el municipio de Morón, donde Sabbatella fue intendente hasta hace diciembre, recibió al día siguiente una suma de 19 millones de pesos que desde el año 2006 venía reclamándole al Gobierno kirchnerista, es por demás ilustrativa.

Un dirigencia política que dice enarbolar banderas progresistas, pero que renuncia a su causa y posterga sus propios proyectos de ley en favor de quienes disponen de “la caja” de recursos oficiales y de un esquema de concentración política y económica, podrá ser cualquier cosa, pero menos que menos, progresista.

domingo, 18 de abril de 2010

NOTA XXXIV
Distracción imposible
por JUAN L. MANAZZONI
Abril de 2010

En las primeras horas del miércoles 14, el kirchnerismo recibió un duro golpe en la Cámara de Diputados. Con 140 votos (y una diferencia de 50 voluntades), el arco opositor al gobierno de Cristina Kirchner declaró nulo el decreto 298/2010, que creaba el “Fondo para el Desendeudamiento argentino” para pagar deuda con reservas del Banco Central.

Unas horas más tarde, otro embate recibía en el Senado. Con una senadora oficialista que decidió estar presente y dar quórum, la cámara Alta sesionó por primera vez en el año para tratar el pliego de Mercedes Marcó del Pont como presidenta del Banco Central y el proyecto de los bloques opositores para coparticipar a las provincias el impuesto al cheque.

Después de la enredada salida de Martín Redrado, diez semanas atrás la presidenta Kirchner había propuesto a Marcó del Pont para presidir el Banco Central. Con la ayuda que el ex presidente Menem brindó al abstenerse, el oficialismo logró en el Senado los votos necesarios y confirmó a la ex titular del Banco Nación al frente de la entidad monetaria.

Pero la avanzada oficialista caería en desgracia. Después de la ratificación de Marcó del Pont, aquella tarde el Senado se aprestó a tratar el proyecto para coparticipar lo recaudado por el impuesto al cheque. Con 35 votos a favor y 33 en contra, la oposición consiguió media sanción a su dictamen. Y en caso de que la Cámara de Diputados ratifique esa decisión, más de 10 mil millones de pesos que hoy la Nación maneja “a discreción” irán a las arcas provinciales.

También en este tema fue significativa la ayuda de Menem al Gobierno: cuando en la madrugada llegó el momento de votar el proyecto relativo al impuesto, el riojano dejó la banca y se retiró del recinto.

Salidas y paradojas

Miguel Ángel Pichetto, jefe del bloque de senadores del Frente para la Victoria, señaló las posibles vías que el Gobierno maneja en caso de que los diputados avancen con el nuevo esquema de distribución del impuesto: primero amenazó con el veto presidencial, y luego con una presentación ante la Justicia, cuestionando el tipo de mayoría que la oposición logró al modificar el impuesto.

Un tercer camino podría prescindir del recurso judicial, y evitarle a la Presidenta el trago amargo del veto: consistiría en que el kirchnerista Eduardo Fellner, presidente de la Cámara de Diputados, inmovilice el trámite legislativo trabando el giro a las comisiones del proyecto aprobado en el Senado.

El día de la apertura de sesiones ordinarias del Congreso Nacional y con un discurso enfático sobre la Argentina real y la otra virtual, la Presidenta criticó con dureza “la judicialización de la política”. Y se puso como ejemplo ella misma diciendo que jamás, en sus épocas como legisladora, había recurrido a un juez luego de perder una votación.

La hora de una nueva encrucijada ante la sociedad parece haberle llegado al kirchnerismo: si la Presidenta, mientras busca conservar el manejo de fondos que son “vitales” políticamente, recurre a la Justicia para frenar la modificación del impuesto que votó el Senado, deslegitima aquello que dijo tan solo unas semanas atrás.

Si en cambio desiste de ir la Justicia y decide boicotear el trámite legislativo o vetar la ley que sancione el Congreso (recurso que ya utilizó con la Reforma Política para favorecer al PJ y la UCR), incumplirá de nuevo con aquél fortalecimiento institucional que tanto prometió en su campaña junto a Julio Cobos, además de tener que asumir un pesado lastre político.

Dime con quien andas

Con su táctica de comunicación, en todos sus años, el kirchnerismo logró concentrar con eficacia la atención de los argentinos alrededor de “las batallas que libró”, al decir del ex presidente. Una comunicación directa con la sociedad, sin intermediarios, tuvo una importancia medular en su armado político.

Cada tema fue elevado al rango de urgencia de Estado. Y desde allí se enumeró una serie de “victorias” para lograr adhesión y legitimidad. Con una verborragia frecuente, el mismo Néstor Kirchner, la Presidenta, el ex jefe de gabinete Alberto Fernández o el actual Aníbal, han defendido con perseverancia cada una de las decisiones oficiales.

Pero hoy ya todo es distinto, y el silencio comienza a ser la explicación menos espinosa. Nada han dicho, por ejemplo, sobre el apoyo sustancial que les dispensa el ex presidente Menem. Que la garantía kirchnerista en el Senado sea la persona a quien ellos denostaron en sus épocas de identificación política frente a la sociedad, demuestra el ocaso que hoy envuelve a la Casa Rosada.

Aquél plan de centralizar la atención ciudadana hoy se ha vuelto en contra del mismo oficialismo: el rechazo legislativo al DNU, la derrota respecto del impuesto al cheque, la debilidad de sus bloques en el Congreso, su acercamiento con Menem y la intención de gobernar sin el Congreso, dejaron al descubierto el enflaquecimiento del espacio oficialista. Aunque pretendan “distraer” a los argentinos con una foto de Cristina con Barack Obama.