Mostrar la cara y no los dientes
por Juan L. Manazzoni
Marzo de 2008
Otra vez, aunque en voz baja, nos preguntamos los argentinos si aparecerán nuevas medidas de fuerza que provengan del sector agropecuario, a partir de las demandas que este mismo exige frente al Gobierno nacional.
Hace pocos días nomás que finalizó el paro con góndolas vacías en toda la Nación. Muchos acompañaron los reclamos de la gente del campo, pero todos, sin excepción, aguardan ahora que este escenario de desencuentros no vuelva a repetirse, sea por la incomodidad, los desequilibrios sociales o las pérdidas que ocasiona: bien sabido es que el paro a nadie le conviene.
¿Quién puede oponerse a que este conflicto se solucione? Sólo un mentecato o una cabeza necia, que busca su bien a costas del mal ajeno, y en este caso, el de todos los argentinos, puede esperar que este brete continúe. Por ello, si hay algo en lo que todos, razonablemente, estaremos de acuerdo es en que buscamos la pronta solución a este trance.
La espinosa cuestión comienza recién a partir de aquí: todos estamos de acuerdo en que queremos una solución lo más integradora posible, pero variamos en cuanto al camino o método para salir.
Una solución que sea lo más integradora posible, implica que acomode a las partes en un todo: es decir, que tras la resolución de la situación de tensión, los que durante un tiempo pelearon, deciden caminar juntos en adelante hacia un destino común.
Desde hace ya unos días, el campo y el Gobierno convinieron una tregua. Pero bien sabemos que la tregua no alcanza a acercar estos actores hoy tan distantes. Por cierto que sí se logrará una descompresión, que seguro, y los resultados en este orden están a la vista, aquietará los ánimos de muchos y la bravura de algunos.
Pero hay que insistir: no alcanza. Es necesario revelar, descender más profundamente y preguntarse alrededor de qué realidad es que las partes pretenden negociar: en torno a intereses de parte, o en torno a identidades.
Cuando hablamos de identidades, nos referimos a lo propio y distintivo de alguien, en este caso a los rasgos de dos actores colectivos: el campo y el Gobierno. Fijémonos cómo uno y otro, más allá de los intereses que defienden, pasaron el umbral, y comenzaron a “describir a los de enfrente”.
Es decir, por un lado cada uno presentó, y lo seguirá haciendo, un preparado y cuidado argumento concorde al interés que defiende; pero ninguno se quedó sólo en ello: cada parte apeló a rasgos de identidad del contrincante, llegando a veces a la descalificación.
Lamentablemente, la recurrencia a la identidad del adversario aquí fue negativa. Pero tratemos de rescatar la importancia de hablar de intereses acompañados de identidades.
“El discurso político, dice Chantal Mouffe, debe ofrecer no sólo políticas, sino también identidades que puedan ayudar a las personas a dar sentido a lo que están experimentando y, a la vez, esperanza en el futuro”.
Hoy, por ello, en aras de la solución del conflicto que nos toca a todos, directa o indirectamente, nos debemos dos ejercicios importantes: en primer lugar, el de fortalecer las identidades colectivas, 1) sea para aclarar la negociación, ya enturbiada por el paro, el descontento que a todos llegó y las acusaciones cruzadas; 2) sea para revitalizar colectivamente todos los actores que tienen una importancia decisiva en la construcción de la Nación para los años que vendrán. Es necesario que todos sepamos de quién se trata cuando genéricamente se dice “el campo”, o qué es un gobierno y quién es este gobierno.
Las identidades, los rasgos de cada una de las partes, naturalmente preexisten a los intereses: en esta situación en que los intereses son encontrados, sabiendo de las distancias generadas, fijémonos dónde encontrar las cercanías, a partir de las que se reproduzca un diálogo genuino, y veremos que si apuntamos a las identidades colectivas, las partes estarán íntimamente más cerca de lo que se espera, pues somos todos argentinos: los que protestan y el Gobierno que representa a la Nación.
En otro término, hoy la Democracia nos pide y nos da la oportunidad de fortalecer el diálogo, comenzando en las partes y hacia adentro: en las entidades ruralistas, para que, con responsabilidad, vuelvan a sus objetivos fundacionales, y en los ámbitos gubernamentales, en razón de su esencia, para agilitar los canales de demanda ciudadana.
En una sociedad pluralista y diversificada, una mirada positiva de este conflicto, que no tiene que asustarnos ni tampoco llegar a extremos como la tira de alimentos, debemos rescatar las diferencias que nos separan, pero sobre todo las hermandades que nos unen, para consensuar así el camino de la Patria.
por Juan L. Manazzoni
Marzo de 2008
Otra vez, aunque en voz baja, nos preguntamos los argentinos si aparecerán nuevas medidas de fuerza que provengan del sector agropecuario, a partir de las demandas que este mismo exige frente al Gobierno nacional.
Hace pocos días nomás que finalizó el paro con góndolas vacías en toda la Nación. Muchos acompañaron los reclamos de la gente del campo, pero todos, sin excepción, aguardan ahora que este escenario de desencuentros no vuelva a repetirse, sea por la incomodidad, los desequilibrios sociales o las pérdidas que ocasiona: bien sabido es que el paro a nadie le conviene.
¿Quién puede oponerse a que este conflicto se solucione? Sólo un mentecato o una cabeza necia, que busca su bien a costas del mal ajeno, y en este caso, el de todos los argentinos, puede esperar que este brete continúe. Por ello, si hay algo en lo que todos, razonablemente, estaremos de acuerdo es en que buscamos la pronta solución a este trance.
La espinosa cuestión comienza recién a partir de aquí: todos estamos de acuerdo en que queremos una solución lo más integradora posible, pero variamos en cuanto al camino o método para salir.
Una solución que sea lo más integradora posible, implica que acomode a las partes en un todo: es decir, que tras la resolución de la situación de tensión, los que durante un tiempo pelearon, deciden caminar juntos en adelante hacia un destino común.
Desde hace ya unos días, el campo y el Gobierno convinieron una tregua. Pero bien sabemos que la tregua no alcanza a acercar estos actores hoy tan distantes. Por cierto que sí se logrará una descompresión, que seguro, y los resultados en este orden están a la vista, aquietará los ánimos de muchos y la bravura de algunos.
Pero hay que insistir: no alcanza. Es necesario revelar, descender más profundamente y preguntarse alrededor de qué realidad es que las partes pretenden negociar: en torno a intereses de parte, o en torno a identidades.
Cuando hablamos de identidades, nos referimos a lo propio y distintivo de alguien, en este caso a los rasgos de dos actores colectivos: el campo y el Gobierno. Fijémonos cómo uno y otro, más allá de los intereses que defienden, pasaron el umbral, y comenzaron a “describir a los de enfrente”.
Es decir, por un lado cada uno presentó, y lo seguirá haciendo, un preparado y cuidado argumento concorde al interés que defiende; pero ninguno se quedó sólo en ello: cada parte apeló a rasgos de identidad del contrincante, llegando a veces a la descalificación.
Lamentablemente, la recurrencia a la identidad del adversario aquí fue negativa. Pero tratemos de rescatar la importancia de hablar de intereses acompañados de identidades.
“El discurso político, dice Chantal Mouffe, debe ofrecer no sólo políticas, sino también identidades que puedan ayudar a las personas a dar sentido a lo que están experimentando y, a la vez, esperanza en el futuro”.
Hoy, por ello, en aras de la solución del conflicto que nos toca a todos, directa o indirectamente, nos debemos dos ejercicios importantes: en primer lugar, el de fortalecer las identidades colectivas, 1) sea para aclarar la negociación, ya enturbiada por el paro, el descontento que a todos llegó y las acusaciones cruzadas; 2) sea para revitalizar colectivamente todos los actores que tienen una importancia decisiva en la construcción de la Nación para los años que vendrán. Es necesario que todos sepamos de quién se trata cuando genéricamente se dice “el campo”, o qué es un gobierno y quién es este gobierno.
Las identidades, los rasgos de cada una de las partes, naturalmente preexisten a los intereses: en esta situación en que los intereses son encontrados, sabiendo de las distancias generadas, fijémonos dónde encontrar las cercanías, a partir de las que se reproduzca un diálogo genuino, y veremos que si apuntamos a las identidades colectivas, las partes estarán íntimamente más cerca de lo que se espera, pues somos todos argentinos: los que protestan y el Gobierno que representa a la Nación.
En otro término, hoy la Democracia nos pide y nos da la oportunidad de fortalecer el diálogo, comenzando en las partes y hacia adentro: en las entidades ruralistas, para que, con responsabilidad, vuelvan a sus objetivos fundacionales, y en los ámbitos gubernamentales, en razón de su esencia, para agilitar los canales de demanda ciudadana.
En una sociedad pluralista y diversificada, una mirada positiva de este conflicto, que no tiene que asustarnos ni tampoco llegar a extremos como la tira de alimentos, debemos rescatar las diferencias que nos separan, pero sobre todo las hermandades que nos unen, para consensuar así el camino de la Patria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario